viernes, noviembre 24, 2006






Sencillez es a mi parecer la palabra que mejor describe a Faust sensei, Irvin para los amigos. Un hombre curtido por la experiencia de ser afro-americano de Brooklin New York, con la tenacidad de 31 años de Budo, Pastor de la iglesia donde su esposa es Ministro, profesor de escuela de niños en riesgo social, etc, etc...
Cuando un maestro es bueno basta con un par de horas de enseñanzas y tienes tarea para un buen rato. He tenido la suerte o si uso palabras de sensei, Dios me bendijo con 24 horas diarias durante 7 días en la compañía de un hombre que disfruta con el prójimo, de la simpleza de un café por la mañana a la alegría de nuestros "aiki-sour".
Siento que la energía del dojo no es igual antes y después de su visita, acontecieron muchas situaciones interesantes como los entrenamientos de la semana después del seminario, con visitas enriquecedoras y excelentes momentos de comunicación entre todos los miembros de nuestra comunidad.
Se acercan los examenes Kyu y también los de Dan, afirmando el centro y puliendo la técnica con el entrenamiento cotidiano que no es más que SHUGYO.
Para mi es grato observar como, a persar de la imagen de los sempai y sensei del dojo, cada persona tiene una busqueda propia en la que coincidimos por momentos y en los mejores somos uno sólo, individuos que encontramos en el dojo un espacio para reencontarnos con nuestro verdadero ser y también con los demás.
Hoy visité a las hermanas en Valparaíso y en un momento la hermana Sara que tiene al rededor de sesenta y tantos me dice "¿viste el oratorio?", a lo que respondí "sí", "¿pero lo viste hoy?" me respondió, "no hoy no lo he visitado", siempre me pregunta lo mismo y termino con ella en un lugar de no más de 5m cuadrados con unas cómodas sillas con respaldo que afirman bien la espalda para estar cómodos, y entré una vez más y otra vez comenzamos a hablar suavemente porque es un lugar silencioso y también para el alma, la verdad es que cada día la hermana lo limpia, prepara unos arreglos florales simples, alegres, y reza. Me dice "sería imposible ayudar a estas mujeres que sufren tanto sin encontarnos con Dios cada día, y poder así seguir cumpliendo con nuestro trabajo con fuerzas", me cuenta lo dfícil de cada una de las mujeres que participan de los talleres y lo despiertas que deben estar para no dejarse engañar por lamentos injustificados. Son capaces de reconocer la falsedad de una lágrima o la sinceridad en un gracias.
Mi pregunta, ¿sabemos cuál es el trabajo para el que nos sirve limpiarnos o encontrarnos con Dios cada día?.
Fernando

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